Así veo al entrenador

ASI VEO AL ENTRENADOR

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“Fui gentilmente requerido por el Comité Organizador de este Congreso para analizar la figura del entrenador desde mi condición de jugador. El camino del entrenador posiblemente lo recorra algún día para poder seguir entregándome, desde otra trinchera, a la pasión de mi vida. Pero no estoy aquí para mirar hacia delante sino hacia atrás…

… Y atrás vi a entrenadores que tocaban las cabezas afligidas de sus jugadores en tardes derrotadas y a entrenadores que, en otras tardes de derrotas le giraban la cabeza a sus jugadores. Me quedé con los primeros: con los que utilizan el cariño; y desprecié a los segundos: a los que usaban el miedo.

Vi a un entrenador que descorchaba champán en el triunfo y a otro que triunfaba sin ruido y sin sed. Me gustó más el prudente. Vi entrenar a las seis de la mañana y vi, también, suspender un entrenamiento porque había muchos mosquitos. Uno pensaba que el fútbol era sólo sacrificio y el otro pensaba que sólo era placer. Cumplí las dos órdenes pero no me gustaron ninguna de las dos.

Vi a entrenadores preparados, sensibles, apasionados y gracias a ellos creo en el futuro de esa profesión.

Yo he confiado siempre en el hombre, en sus virtudes, en sus aspectos positivos y, por extensión, creo en los entrenadores que son capaces de elevar los mejores valores de sus dirigidos, ayudándoles a amar lo que hacen.

Sé que no es tarea fácil estar al frente de una tropa suspicaz, individualista y vanidosa como la que integramos los jugadores de fútbol y pienso, por eso, que la formación de un entrenador no debe detenerse en lo exclusivamente futbolístico.

Un entrenador de futbolistas que no repare en la complejidad de los hombres a los que enseña, organiza y dirige será un entrenador incompleto. Este fundamento se dimensionará si tiene a cargo a jóvenes jugadores en período formativo que se acercan al fútbol por el placer de jugar. Quien más información tenga, hay que insistir, más recursos opondrá a las dificultades y más cimientos pondrá a su imaginación. Cada equipo es algo único, es algo nuevo y no es con fórmulas heredadas como hay que enfrentarse a ellos, sino creando.

Primero serán los jugadores y luego las tácticas. Es improbable que con una partitura en la mano reciban un talón en blanco para salir en busca de los intérpretes precisos. Lo normal es encontrarse con una orquesta y tener que elegir el repertorio de acuerdo a las condiciones de los músicos.

Un entrenador debe tener a su propia gente, de lo contrario, tarde o temprano se sentirá solo y, lo que es peor aún, se irá solo. Es injusto que, si la gloria es de todos, el fracaso deje un solo cadáver. Los auxiliares de un entrenador tiene que compartir su idea y también su suerte.

Vi también grupos que compartían una misma sensibilidad y trabajaban con la armonía de un ballet; entendí la tranquilidad que da esa confianza, la adopté como modelo inolvidable y lo cuento por si sirve.

La elección es ética: se puede trampear o ser honesto en esta o en cualquier profesión. Hacer las cosas bien tendrá la belleza de lo verdadero, de lo autentico. “Hacer las cosas bien importa más que el hacerlas”, como dijo Machado.

Del comportamiento de un entrenado emergen ejemplos: sus euforias, eufonizan; sus tristezas, entristecen; sus confusiones, confunden. Esa es la razón de la importancia de un proceder equilibrado y predecible. Lo contrario da como resultado jugadores desconcertados. La tranquilidad, que todos buscan, es privilegio de ganadores. El que gana un partido gana puntos, dinero, prestigio y gana además, tiempo para transitar sin angustias ni presiones.

Hay entrenadores que apelan al castigo y los hay que apelan a la razón. Si un jugador pregunta: ¿por qué?, no se le puede contestar: “porque lo digo yo”. Es con argumentos como hay que persuadir y no con órdenes.

Quien hace las cosas convencido de su utilidad responderá mejor que quine las hace porque sí.

Si ustedes consideran a los futbolistas sólo como trabajadores, los futbolistas les considerarán a ustedes sólo como capataces; el trato será frió y el producto, posiblemente también.

Acérquenle la oreja a los más afectados porque el diálogo es el único calmante eficaz. Sólo al alcance de grandes grupos están los grandes propósitos. Un equipo anímicamente resistente para soportar, unido las agresiones; valiente para avanzar, unido, será un equipo de voluntad indestructible. No tendrá seguro el triunfo pero tampoco dependerá sólo de él.

Terminado el ciclo de un entrenador no medí nunca su importancia contabilizando títulos, sino enseñanzas. Si me aportó cosas que me permitieron seguir progresando como jugador para mí habrá triunfado aunque la tabla de clasificación me contradiga. Han tenido ustedes la generosidad de abrir su casa para dejarme contar lo que ya saben, pero desde una perspectiva a la que están desacostumbrados. La misma montaña se ve distinta desde la cumbre que desde la falda. Lo dicho fue concebido respetuosamente y puede ser injusto, porque soy parte de lo que juzgo”.

Jorge Valdano

 

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